Familias en prisión logran reencontrarse

El secretario de Corrección firma normativa que permite que parientes recluidos en distintas instituciones carcelarias compartan cada tres meses, como parte de una serie de medidas para promover la integración en su proceso de rehabilitación

 

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Los confinados Noelia Colondres y Rafael Meléndez recibieron juntos la visita de sus hijos menores de edad. (Juan Luis Martínez)

Ella ingresó al salón un poco antes que él. Lucía temerosa, perdida y cabizbaja.

Traía sus manos entrelazadas y entre ellas guardaba con evidente recelo un sobre blanco y una flor hecha de papel. Se sentó a la mesa a la espera del encuentro más esperado de su vida. El tiempo, de seguro, se le hizo eterno.

A los pocos minutos llegó él, intentando reconocer con su mirada a aquella mujer que dejó de ver hace 14 años, cuando era un adolescente. Lucía emocionalmente cargado.

Finalmente, después de 14 años sin hablarse, se dio el abrazo e intercambiaron miradas a solo 12 días del Día de Navidad. Para ellos, se trató del momento perfecto; del inicio de un proceso de sanación y perdón que –en su momento dado– los liberará emocionalmente del dolor, las grietas y las culpas o rencores que aún cargan.

“Yo me siento bien, fíjate. Hace tiempo que no la veía. A pesar de todo lo que haya pasado, comoquiera sigue siendo mi madre. No le guardo rencor ni na’, viste, comoquiera la amo”, afirmó Emmanuel Rosario Ojeda, de 30 años y quien cumple una pena de tres años.

Él estaba nervioso y asustado, admitió. Ella lo miraba y por momentos le tocaba las manos sutilmente. Le entregó la carta. Hablaron y sonrieron tímidamente.

“Tantos años y verlo así, de momento. Ya está hecho un hombre. Yo lo dejé más chiquito”, compartió Evelyn Ojeda tratando de controlar las emociones.

Rosario Ojeda dejó de ver a su madre cuanto tenía 14 años. Ella enfrentó un proceso judicial por el asesinato de su otro hijo varón, lo que le valió una sentencia de 99 años de cárcel, de los cuales ha cumplido 14. Fue Rosario Ojeda quien reveló a las autoridades que su madre y padrastro eran los responsables de la muerte de su hermano, Alberto.

“A mí se me ha hecho un poco difícil perdonarme por lo que sucedió con mi niño y no ha sido fácil, pero yo era una adicta. Yo preferí ser adicta y mujer que ser madre. Eso era una esclavitud, que no se lo deseo a nadie”, dijo.

“Yo le doy gracias a Dios y a mi hijo que estoy aquí para contarlo, porque él hizo lo que tenía que hacer, lo que debí haber hecho yo. Él lo hizo por mí y yo lo amo con mi vida”, agregó la mujer para, acto seguido, tocarle la frente.

A unos pies de distancia estaban Ilka Cruz Rosario y Héctor Luis Cordero Cruz. Madre e hijo no compartían hace un año y dos meses. Ese es el tiempo promedio que transcurre para que familiares recluidos en diferentes instituciones del Departamento de Corrección y Rehabilitación puedan encontrarse, directriz que está próxima a cambiar luego que el secretario, Erik Rolón, firmara una orden administrativa que permitirá que este tipo de reuniones entre parientes ocurra trimestralmente.

“Es una bendición, una alegría poder verlo… para mí es más grande porque él ha estado enfermo. Hace dos años lo operaron de unos nódulos cancerosos”, contó Cruz Rosario.

El padre de Cordero Cruz, Héctor Luis Cordero Rivera, también participó del encuentro. “Nadie quisiera estar preso y con una condición de salud encima. Para mí, es una segunda sentencia. En pocas palabras, esto ha sido bien especial para mí porque yo no veía a mis padres juntos, me atrevo a decir que hace más de 10 años, y pues esto estoy como un nene chiquito”, dijo el joven que lleva siete años encarcelado.

Madre e hijo se fundieron en un abrazo inmediatamente. Contrario a otras visitas, pudieron sentarse uno al lado del otro. Él inmediatamente le puso el brazo derecho sobre sus hombros. La mano izquierda permanecía sobre la mesa plástica sujetada a la mano derecha de su padre.

“Yo sé y tengo mucha fe en la recuperación que ellos llevan. Los logros se van a dar y, especialmente a la madre, a Ilka, que ha sido luchadora y ha seguido adelante”, compartió el progenitor.

“Estas visitas son las mejores, que uno está de frente, puede abrazar, besar, tocar, hablar sin ningún tipo de miedo”, dijo Cordero Cruz, quien –al igual que su madre– cumple una condena por sustancias controladas.

Ese tipo de interacción es, precisamente, la que busca promover el secretario de Corrección con la nueva directriz, que se suma a otros cambios que ha impulsado Rolón desde que asumió la dirección de la agencia dirigidos a fomentar la integración familiar como parte fundamental de la rehabilitación de todo reo.

“Con esta orden, lo que vamos a hacer es darle una frecuencia y garantizar que esta visita se dé, como mínimo, trimestralmente”, señaló Rolón, al reconocer que la inquietud fue traída por miembros de la población correccional.

Todos juntos

“Papá y mamá, eres tú”.

De esta forma, dentro de su inocencia y desconocimiento de la realidad que a sus cortos 7 años le ha tocado vivir, el pequeño expresó la emoción que le provocó ver sus padres juntos por primera vez en casi dos años.

El pequeño y su hermano de 2 años corrieron a agarrarse del cuello de sus padres, cuando Rafael Meléndez y Noelia Colondres entraron –por separado– al salón del Complejo Correccional de Mujeres, en Bayamón, donde ocurrieron los tres encuentros.

“Al principio verlos irse es bien fuerte, máxime cuando ellos no te quieren soltar. Ya ellos se han ido acostumbrando al proceso, igual que nosotros, pero al principio el chiquito me abrazaba fuertemente, como que ya él sabía que se iba a acabar la visita”, dijo Meléndez, de 33 años, dejando escapar unas lágrimas.

La pareja lleva un año y 11 meses tras las rejas por un caso relacionado con armas ilegales. Los varoncitos están bajo el cuidado de sus abuelos maternos.

“Estamos en una época en la que la unión familiar es sumamente importante y estamos agradecidos más que nada de que se pueda dar esta dinámica, esperanzados de que se pueda dar más comúnmente”, dijo Meléndez.

El rato se hace corto, señala la pareja. Pero aprovechan cada instante para interactuar con los niños, cargarlos y apretarlos.

Solo el inicio

Rolón no descartó que, en un futuro, las visitas entre familiares de la población correccional puedan realizarse con más regularidad, pero reconoció que –a pesar de que parece sencillo– la iniciativa requiere de una logística, que implica movimiento de personal y equipo desde diferentes puntos de la isla. “Inicialmente, lo vamos a hacer trimestral, pero con miras a que se pueda establecer de forma mensual”, señaló.

La medida, dijo, estará abierta a toda la población correccional, independientemente del nivel de custodia. La única razón para suspender el privilegio, dijo, es si el confinado presenta un mal ajuste o que tenga alguna sanción disciplinaria vigente.

Entre los cambios propuestos por el funcionario que ya están vigentes, está el que los familiares de los confinados puedan llevarles alimentos, la última semana de cada mes, ya sean confeccionados por ellos o de su restaurante predilecto.

También abordaron el tema de la vestimenta con la firma de la orden administrativa DCR_2017-05 el pasado 1 de mayo. En esta se establecen los parámetros necesarios para que los confinados puedan utilizar –durante los períodos de visita– ropa de civil establecida por la institución.

Rolón evalúa otra serie de cambios como parte de la revisión del reglamento de visitas. Entre estos, establecer que las visitas a través de cristales serán únicamente como medida disciplinaria.

“Esto no es fácil. Sabemos que cuando usted va a libre comunidad hay personas que piensan en castigos, en ser punitivos, así que esta política no es tan fácil como quizás parece. Es un tipo de política pública que requiere un andamiaje y también se enfrenta a unas críticas fuertes. No obstante, reconociendo que toda persona merece una segunda oportunidad, estamos como gobierno trabajando para lograr la rehabilitación”, señaló Rolón.

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