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A la intemperie crisis en suministros El huracán María evidenció la vulnerabilidad alimentaria que existe en Puerto Rico, coinciden expertos

El huracán María tocó suelo boricua en momentos en que los suministros no eran muchos, debido al paso de Irma dos semanas antes y a la ayuda que se envió a las vecinas islas afectadas por ese ciclón. (Juan Luis Martínez)

En 1899, hubo un período de hambruna tras el azote del huracán San Ciriaco. Para colmo, la ayuda que llegaba a los muelles de San Juan se descargaba con retrasos por conflictos laborales con los estibadores.

En esa época ya se hablaba de la susceptibilidad de los habitantes de Puerto Rico, que dependían de la importación de comida para satisfacer las necesidades alimentarias de la población.

Unos 118 años han pasado desde entonces y la vulnerabilidad de Puerto Rico, en algunos aspectos, es aún mayor.

El paso del huracán María dejó a la intemperie esa crisis de la que se ha hablado por años, y el impacto fue tan grande que los puertorriqueños no verán el sistema de suministros normalizado hasta el próximo año. De hecho, hay que esperar varios meses para superar el actual escenario, advirtió Manuel Reyes, portavoz de la Cámara de Mercadeo, Industria y Distribución de Alimentos (MIDA).

Actualmente, el movimiento marítimo de mercancía entre Puerto Rico y EE.UU. depende de tres compañías navieras y dos puertos: el de San Juan y el de Jacksonville, en Florida. Algún problema en estas dos instalaciones se refleja rápidamente con algunas insuficiencias en los productos que consumen los boricuas, coincidieron expertos en planificación, distribución de bienes y seguridad alimentaria.

Los riesgos continúan con una pobre capacidad de almacenamiento en la isla. En Puerto Rico, los productos que se almacenan pagan contribuciones municipales por concepto de propiedad mueble. Las empresas, para evitar un pago alto de este tributo, mantienen un inventario limitado en sus instalaciones y dependen de la agilidad de la cadena de distribución para tener disponible los productos, explicó Reyes.

Esta baja capacidad de almacenamiento impide también que se desarrolle una industria que tome los excedentes de la producción agrícola en Puerto Rico y los convierta en artículos no perecederos, como la comida enlatada, sellada al vacío o preservada con algún tipo de método típico en la industria hoy día. Este tipo de utilización de los excedentes también ayudaría a mejorar la producción agrícola en Puerto Rico, donde se produce apenas el 15% de lo que consumen los boricuas.

“Quedó demostrada la vulnerabilidad del sistema alimentario de Puerto Rico”, dijo Myrna Comas, exsecretaria de Agricultura y directora en Puerto Rico de la Iniciativa Nacional de Seguridad Alimentaria de EE.UU.

De hecho, las insuficiencias que actualmente hay en las góndolas, estimadas por MIDA en poco menos del 40% de los productos, responden en general al saldo de destrucción y complicaciones logísticas dejadas por los huracanes Irma y María.

Tormenta perfecta

Reyes explicó que, normalmente, durante la época de huracanes, los supermercados se abastecen un poco más de artículos como comida enlatada. Estos abastos se redujeron significativamente tras el paso de Irma, que afectó principalmente el noreste ydejó a la isla sin electricidad.

Posteriormente, cuando Irma amenazó al estado de Florida, las operaciones de puertos que sirven a Puerto Rico, como el de Jacksonville, tuvo atrasos en el movimiento de furgones. En esos momentos, los boricuas se desbordaban en ayudas para las islas vecinas afectadas por ese primer ciclón. Dos semanas después, María azotó Puerto Rico.

Este ciclón, uno de los más intensos que ha afectado a la isla, llegó en momentos en que los suministros en la isla no eran muchos, dijo Reyes. El daño fue tan amplio que se requirió mucha ayuda del exterior y envíos de carga especiales para traer materiales para la reconstrucción y estabilización del país. Y eso creó ataponamientos de carga en los muelles en San Juan y Jacksonville. La capacidad de la flota no parece ser suficiente, dijo Reyes.

Y no hay cómo añadir rápidamente nuevas empresas de acarreo marítimo. La Ley de la Marina Mercante estadounidense, también conocida en la isla como la ley de cabotaje, obliga a que el tráfico marítimo entre puertos estadounidenses se haga en naves manufacturadas, tripuladas y con bandera de EE.UU. Esto hace que la flota que atiende el acarreo entre EE.UU. y Puerto Rico sea limitada.

Además, estas empresas, en general, no han tenido el mejor historial de prácticas comerciales. De hecho, en el 2008, cuatro ejecutivos de navieras con operaciones aquí se declararon culpables de acordar, entre ellos, los precios del acarreo, lo que va en contra de las leyes antimonopolio y el principio comercial de la libre competencia. Actualmente, estas empresas son las que establecen prioridades en cuanto a qué furgón sale de Jacksonville y llega a Puerto Rico.

“Ahora mismo, la demanda por transporte marítimo está sobre la capacidad de ellos (las navieras). La flota que atiende a Puerto Rico no es suficiente y tienes a estas empresas decidiendo qué entra y qué no con los criterios que ellos entiendan. Podemos pensar que están actuando con el mejor interés, pero no sabemos el criterio que tienen porque no hay supervisión del gobierno”, dijo Reyes.

El Nuevo Día procuró la opinión y reacción sobre el tema de seguridad alimentaria de dos de las tres principales compañías navieras con operaciones en Puerto Rico. Sin embargo, los pedidos no fueron contestados.

Por 10 días, estas limitaciones en el acarreo marítimo fueron suspendidas por el presidente de EE.UU. Donald Trump. Reyes indicó que en ese corto tiempo sobre 20 barcos trajeron carga a la isla.

Soluciones

“Todo este asunto se empieza a atender si diversificamos y diluimos los riesgos”, dijo el portavoz de MIDA.

Son varios los asuntos que se deben atender para lograr esta diversificación. Por ejemplo, Reyes resaltó que se deben usar más otros puertos en Puerto Rico y EE.UU. para el acarreo marítimo.

También, sostuvo, se debe liberar el movimiento de carga de las leyes de cabotaje, de modo que pueda satisfacerse la demanda de movimiento de mercancía, seestimule la libre competencia y el control no esté en un puñado de empresas.

Como tercer punto, Reyes afirmó que se deben reformar los tributos municipales, de modo que el almacenamiento de mercancía no sea penalizado. Comas, por su parte, al hacer también hincapié en este punto, indicó que esto podría mejorar la producción agrícola local. Esto es crucial para que las necesidades alimentarias sean satisfechas en mayor grado por la producción local.

El planificador José Rivera Santana afirmó que una mayor producción local requiere, además de estímulo económico, una protección rigurosa de las tierras con potencial agrícola. El Plan de Uso de Terrenos actual ayuda en este proceso. Sin embargo, este ordenamiento es pasado por alto en muchas ocasiones con los procesos de consulta excepcionales, dijo.